La mejor vacuna contra la violencia de género es la educación en igualdad

24 noviembre 2017

Verónica Díaz Sánchez, responsable de Salud Laboral de SATSE Madrid, analiza en este artículo de opinión el papel de los profesionales de enfermería, como doble vertiente de agente sensibilizador y el detector precoz de casos ante indicadores de sospecha. 

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Cuando hablamos de violencia de género no podemos dejar de citar la Declaración para la Erradicación de la violencia contra la Mujeres de la asamblea General de las Naciones unidas de 1993::”Todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción, o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada”

El año 2017 no ha concluido y son ya más de 45 las mujeres que han muerto a manos de sus parejas o exparejas. Se bate así un trágico récord que nos lleva a plantearnos cómo estamos haciendo las cosas, y hasta qué punto las políticas y programas puestos en marcha hasta la fecha son realmente efectivos para atajar tal lacra.

En España, en la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, se manifiesta que «la violencia de género no es un problema que afecte al ámbito privado. Al contrario, se manifiesta como el símbolo más brutal de la desigualdad existente en nuestra sociedad. Se trata de una violencia que se dirige sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo, por ser consideradas, por sus agresores, carentes de los derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión»

La violencia contra las mujeres es un problema de salud pública reconocido por la OMS en 1996, nos viene a poner de manifiesto la importancia del impacto  y graves consecuencias que sobre la salud y el sistema sanitario actual. 

En este sentido, es necesario hacer un abordaje integral del fenómeno, dónde el papel de enfermería es clave, como doble vertiente de agente sensibilizador y de detector precoz de casos ante indicadores de sospecha. 

Desde SATSE apostamos por el liderazgo de la enfermera en el abordaje de la violencia de género enfatizando sus competencias y visión integral de la persona  dentro de un equipo multidisciplinar donde la integración de la cultura preventiva se impone. El profesional de enfermería se encuentra en una situación privilegiada que le permite potenciar las dimensiones de promoción de salud  con campañas de sensibilización y educación en igualdad, de un modo transversal en la sociedad desde las escuelas con la figura de la enfermera escolar hasta los diferentes  ámbitos sanitarios, sociales y culturales. 

La enfermera como  agente clave en la detección precoz  de indicadores de sospecha y del  “síndrome de la mujer maltratada”: la víctima experimenta un complejo primario, caracterizado por síntomas traumáticos: ansiedad, hipervigilancia, reexperimentación del trauma, recuerdos recurrentes e intrusivos, embotamiento emocional. Su autoestima se va deteriorando produciendo un debilitamiento de la capacidad cognitiva mediante mecanismos defensivos que intentan dar un sentido a la violencia o distanciarse de manera ficticia: la negación y la minimización es un mecanismo de adaptación que tiende a negar la realidad del maltrato, a autoengañarse, que forma parte del complejo secundario.

Violencia doméstica actúa como inhibidor de las relaciones sociales, siendo así, consideramos  que la puerta de captación de qué algo está pasando con una mujer, es con frecuencia el sistema sanitario, con indicadores de sospecha que van desde la hiperfrecuentación asistencial, problemas ginecológicos (dispareunia, dismenorreas, no control fecundidad, lesiones en los embarazos, historial de abortos repetidos), problemas psicológicos (insomnio, depresión, trastorno de la conducta alimentaria, estrés postraumático), problemas físicos (cefaleas, cervicalgia, dolor crónico general)

Las intervenciones de enfermería son necesarias para prevenir, detectar y tratar la violencia de género. Desde SATSE pedimos que se fomenten planes de formación más específicos y desarrollar estudios que profundicen en cuáles son las claves para el abordaje, la eficacia de los protocolos y las intervenciones que se realiza en los hijos y la familia.

Desde SATSE nos parece prioritario es dar protección a estas mujeres víctima de violencia de género, en todos los entornos sociales y por ende, en su puesto de trabajo, en este sentido la salud laboral ha cambiado su enfoque, la prevención y vigilancia en salud asume otro retos; tan sólo se protegía al trabajador frente a los riesgos que se detectaban  relacionados con la actividad y no se ampliaba al contexto socioeconómico de referencia. En este sentido, el delegado de prevención es un interlocutor válido para favorecer la información, asesoramiento y acompañamiento de la víctima para que pueda ejercer sus derechos reflejados en el Estatuto de los Trabajadores y más ampliamente desde la entrada de  la Ley Orgánica 1/2004, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género,  en materia de adaptación de puesto (Reorganización y reducción de jornada de trabajo, el traslado o el cambio de centro de trabajo, movilidad geográfica, suspensión del contrato de trabajo con reserva de puesto, extinción del contrato de trabajo para víctimas de violencia de género, tratamiento de las faltas de asistencia al trabajo y consideración de despido nulo).

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